Inicio / Blog / Energía / Pobreza Energética en México: La Sombra Oculta

Pobreza Energética en México: La Sombra Oculta

Por ingniero · · 8 min lectura

En un país de contrastes como México, la modernidad y el desarrollo a menudo conviven con carencias profundas y silenciosas. Una de las más impactantes es la pobreza energética, una realidad que afecta a millones de personas y que va mucho más allá de no tener un foco encendido. Hablamos de la incapacidad de satisfacer necesidades básicas como cocinar sin inhalar humo tóxico, conservar alimentos en un refrigerador o tener agua caliente para un baño. Es una crisis que se esconde a plena vista, incluso en el corazón de la capital, y que revela las grietas de un sistema que necesita urgentemente una transición hacia soluciones más justas y sostenibles.

¿Cómo podrían las políticas gubernamentales apoyar mejor la transición hacia energías limpias?
Para agilizar la transición energética es necesario aumentar la producción de energías renovables y el almacenamiento de energía, descarbonizar los sectores que dependen de los combustibles fósiles, impulsar medidas de eficiencia energética, crear un entorno propicio y adoptar mecanismos de financiación innovadores.

¿Qué es la Pobreza Energética y a Quiénes Afecta?

La pobreza energética es un concepto multidimensional. No se trata únicamente de la falta de conexión a la red eléctrica. Según la organización México Evalúa, se refiere a la carencia de los servicios energéticos mínimos necesarios para un desarrollo humano digno. Esto incluye una variedad de aspectos cruciales para la vida diaria:

  • Cocción de alimentos: Acceso a estufas de gas o eléctricas para evitar el uso de leña o carbón.
  • Calentamiento de agua: Disponibilidad de agua caliente para la higiene personal.
  • Refrigeración: Contar con un refrigerador para conservar alimentos y medicamentos.
  • Iluminación: Luz adecuada y segura dentro del hogar.
  • Confort térmico: Capacidad de calentar o enfriar el hogar según las condiciones climáticas.
  • Entretenimiento e información: Acceso a dispositivos como radio o televisión.

Esta condición está profundamente ligada al goce de los derechos humanos. La falta de energía limpia y asequible perpetúa ciclos de pobreza y desigualdad. Quienes más sufren sus consecuencias son los grupos más vulnerables: las mujeres y los niños. Son ellas y ellos quienes pasan más tiempo en hogares llenos de humo por la quema de leña, lo que provoca graves enfermedades respiratorias y, según estimaciones, contribuye a la muerte prematura de más de un millón de personas al año a nivel mundial.

Las Cifras de la Oscuridad en México

Los números son alarmantes y demuestran la magnitud del problema. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) 2022, la situación es crítica:

  • 4.9 millones de hogares en México se encuentran en situación de pobreza energética.
  • Esto afecta a 17.9 millones de personas, lo que equivale al 14.1% de la población total.
  • Existen alrededor de 45,000 localidades en el país que carecen por completo de acceso a la energía eléctrica.

Lo más sorprendente es que este no es un problema exclusivo de las zonas rurales y remotas. En la Ciudad de México, una de las urbes más grandes y ricas de América Latina, el 21.2% de la población, es decir, casi 2 millones de personas, vive en pobreza energética. Esta realidad se manifiesta de diversas formas, como lo muestra el siguiente cuadro basado en el Diagnóstico de Transición Energética de la CDMX.

Carencias Energéticas en Hogares de la CDMX

Carencia Específica Porcentaje de Hogares Afectados
Falta de refrigeradores eficientes 19.6%
Privación de estufa de gas o eléctrica 2.7%
Sin sistema de calentamiento de agua 1.4%
Sin equipos de entretenimiento 1.2%
Sin iluminación básica 0.5%

Las Raíces del Problema: Más Allá de un Interruptor

La pobreza energética en México es el resultado de una compleja mezcla de factores estructurales, económicos y sociales. No se soluciona simplemente extendiendo un cable más.

Una de las causas principales es la obsolescencia de la red eléctrica nacional. Décadas de falta de inversión han resultado en una infraestructura de distribución deficiente, incapaz de llegar a todas las comunidades y de proporcionar un servicio estable y de calidad donde sí llega. Esta inestabilidad provoca fluctuaciones de voltaje que dañan los pocos electrodomésticos que las familias logran adquirir.

Otro factor crucial es la falta de poder adquisitivo. Muchas familias, aunque tengan acceso a la conexión eléctrica, simplemente no pueden pagar el recibo. El gasto promedio en combustibles para los hogares fue de 906 pesos mensuales en 2022, una cifra inalcanzable para muchos. Esto los obliga a recurrir a alternativas peligrosas e ineficientes, como el uso de leña o las conexiones ilegales, conocidas como “diablitos”, que no solo representan un riesgo de seguridad, sino que también ofrecen un suministro eléctrico precario.

Finalmente, la falta de planeación y una regulación que ha favorecido un crecimiento desordenado del sector energético han saturado la red en ciertas zonas, paradójicamente dificultando la integración de nuevas fuentes de energía y perpetuando la dependencia de un sistema centralizado y frágil.

La Energía Solar: Un Rayo de Esperanza

En medio de este panorama sombrío, la energía solar emerge como la solución más prometedora y viable para combatir la pobreza energética desde su raíz. México posee un recurso solar privilegiado, con niveles de radiación solar superiores a los de potencias europeas en energía fotovoltaica como Alemania o España. Esta abundancia natural ofrece una oportunidad histórica para democratizar el acceso a la energía.

Las tecnologías solares pueden abordar directamente las carencias más sentidas por la población:

  • Paneles fotovoltaicos: La generación distribuida, es decir, instalar paneles fotovoltaicos en los techos de las viviendas, permite a las familias generar su propia electricidad. Esto no solo les da autonomía frente a una red poco fiable, sino que reduce o elimina el costo del recibo de luz, liberando recursos económicos para otras necesidades. Proyectos como la instalación masiva en la Central de Abastos de la CDMX demuestran que es posible a gran escala.
  • Termotanques Solares: Una de las privaciones más comunes es la falta de agua caliente. Un termotanque solar (o calentador solar) utiliza la energía del sol para calentar agua de forma gratuita y eficiente, eliminando la necesidad de quemar leña o gastar en gas LP. Es una solución directa, económica y de alto impacto en la calidad de vida.
  • Luminaria Solar: En comunidades sin alumbrado público, la inseguridad se dispara al caer la noche. La instalación de luminarias solares autónomas en calles y espacios públicos mejora la seguridad y fomenta la vida comunitaria sin depender de la red eléctrica.

Modelos como las cooperativas energéticas, donde la comunidad se organiza para financiar y mantener sus propias instalaciones solares, como en el caso de la Cooperativa Acapatzingo en Iztapalapa, demuestran que el cambio puede y debe venir desde las propias comunidades.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿La pobreza energética solo existe en zonas rurales?

No. Como demuestran las cifras, es un problema grave también en grandes ciudades como la Ciudad de México, donde afecta a casi dos millones de personas en zonas marginadas y asentamientos informales que carecen de servicios básicos a pesar de estar dentro de la mancha urbana.

¿Instalar paneles solares es una solución viable para familias de bajos recursos?

Sí, aunque requiere de apoyo inicial. La clave está en crear programas de gobierno, financiamiento accesible o modelos comunitarios que cubran la inversión inicial. Una vez instalados, los paneles solares eliminan casi por completo el gasto continuo en electricidad o combustibles, lo que representa un ahorro masivo a largo plazo para estas familias.

¿Por qué es un problema usar leña si es “gratis”?

El costo de usar leña no es económico, sino de salud y ambiental. La inhalación constante de humo causa enfermedades respiratorias graves, especialmente en mujeres y niños. Además, contribuye a la deforestación y al cambio climático, y el tiempo dedicado a recolectar leña podría usarse en actividades productivas o educativas.

¿La solución es simplemente dar subsidios para la luz y el gas?

Los subsidios pueden ser un alivio temporal, pero no resuelven el problema de fondo. A largo plazo, son fiscalmente insostenibles y mantienen la dependencia de los combustibles fósiles. Es mucho más rentable y sostenible invertir esos recursos en soluciones permanentes como la instalación de sistemas de energía solar, que empoderan a las familias y atacan la raíz de la pobreza energética.

En conclusión, la pobreza energética es una herida profunda en el tejido social de México. No es un problema técnico, sino una cuestión de justicia social y derechos humanos. Ignorarla es condenar a millones a un ciclo de precariedad y enfermedad. La buena noticia es que la solución está sobre nuestras cabezas: el sol. Una transición energética decidida, enfocada en la generación distribuida y en tecnologías como los paneles fotovoltaicos y los termotanques solares, no es solo una opción ambiental, es el camino más directo para llevar luz, dignidad y oportunidades a cada rincón del país.