El Mayor Impacto Ambiental de las Renovables
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En un giro inesperado que contradice las promesas de campaña de reducir los costos energéticos, una reciente ola de acciones gubernamentales ha puesto en jaque el futuro de la energía solar y eólica. Mientras las tarifas eléctricas residenciales se proyectan a alcanzar su punto más alto en una década para 2026, una serie de órdenes ejecutivas y directivas administrativas están creando un laberinto de trabas burocráticas que bloquean el desarrollo de las fuentes de energía más rápidas y económicas disponibles. Estas medidas no solo amenazan con encarecer la electricidad para hogares y empresas, sino que también ponen en riesgo miles de empleos, ahuyentan la inversión y comprometen el liderazgo tecnológico del país en el sector de las energías limpias.

El inicio del año 2025 marcó un punto de inflexión. Apenas unos días después del comienzo del nuevo mandato, se emitieron las primeras directivas que sentarían las bases para una ofensiva regulatoria coordinada. La primera gran señal fue la Declaración de Emergencia Energética Nacional del 20 de enero, una medida que, lejos de ser inclusiva, excluyó explícitamente a la energía solar, la eólica y el almacenamiento de energía de la definición de “energía” o “recursos energéticos”. Este movimiento, aparentemente semántico, tuvo una consecuencia devastadora: dejó a todos los proyectos de energía renovable fuera de los procesos de permisos acelerados, un beneficio crucial para su rápido despliegue.
Simultáneamente, un memorando presidencial congeló de inmediato la concesión de permisos y arrendamientos para proyectos eólicos, tanto en tierra como en alta mar. Se inició una retirada “temporal” de áreas de arrendamiento y se paralizaron los permisos en terrenos públicos y privados a la espera de una “revisión exhaustiva” que, a la fecha, no ha mostrado signos de avance. El proyecto eólico Lava Ridge fue una de las primeras víctimas, con una moratoria específica impuesta sobre su desarrollo.
Durante los meses siguientes, la estrategia se consolidó a través de una serie de órdenes que redefinieron la política energética nacional. En febrero, una Orden Secretarial del Interior describió un supuesto “suministro de energía precariamente inadecuado e intermitente” como una amenaza a la seguridad nacional, justificando así las futuras acciones para bloquear el despliegue de la energía solar y eólica. Otra orden del mismo mes exigió la revisión y revocación de políticas anteriores relacionadas con las energías renovables y el cambio climático.
La creación del “Consejo de Dominancia Energética” en febrero fue otro golpe simbólico y práctico. La orden ejecutiva que lo estableció omitió deliberadamente a la solar y la eólica de la lista de “asombrosos activos nacionales”, excluyendo así a dos de las formas de energía más baratas de una agenda enfocada, teóricamente, en la asequibilidad.
En julio, una nueva orden ejecutiva instruyó al Secretario del Interior a revisar todas las regulaciones para eliminar el “tratamiento preferencial” que, según el gobierno, recibían la solar y la eólica en comparación con las “fuentes de energía despachables”. Poco después, un memorando del Departamento del Interior centralizó el poder de decisión, exigiendo que 69 tipos diferentes de permisos y acciones relacionadas con proyectos solares y eólicos fueran sometidos a la revisión directa de la cúpula del departamento. Un análisis de la American Clean Power Association (ACP) reveló que 27 de estas acciones afectarían directamente a proyectos en terrenos privados, desmintiendo la idea de que solo se impactaría a terrenos públicos.
Para visualizar la escalada de estas medidas, la siguiente tabla resume las acciones más significativas tomadas a lo largo de 2025.
| Fecha | Acción Clave | Impacto Directo |
|---|---|---|
| 20 de enero | Declaración de Emergencia Energética | Excluye a la solar y eólica de permisos acelerados. |
| 4 de julio | Firma de la Ley “One Big Beautiful Bill” | Crea desequilibrio en créditos fiscales y restringe su acceso. |
| 23 de julio | Cancelación de préstamo al Grain Belt Express | Termina un proyecto de transmisión clave para 5 GW de energía limpia. |
| 1 de agosto | Orden sobre “Densidad de Capacidad” | Introduce un criterio de evaluación que penaliza a la solar y eólica. |
| 8 de agosto | Eliminación del programa “Solar for All” | Cancela un programa de $7 mil millones para reducir facturas de luz. |
| 15 de agosto | Aviso del IRS 2025-42 | Endurece los requisitos para iniciar la construcción y calificar para créditos. |
| 10 de octubre | Cancelación del Proyecto Solar Esmeralda 7 | Anula un proyecto solar de 6.2 GW capaz de alimentar a 2 millones de hogares. |
Las órdenes y directivas no se quedaron en el papel. Rápidamente se tradujeron en la paralización y cancelación de proyectos masivos que eran vitales para la red eléctrica. En abril, se emitió una orden de suspensión de trabajos para el proyecto Empire Wind de 810 MW, destinado a abastecer a 500,000 hogares en Nueva York. Aunque la orden fue retirada posteriormente, sentó un precedente de incertidumbre.

Más tarde, el Departamento de Energía canceló un compromiso de préstamo de $4.9 mil millones para el proyecto Grain Belt Express, una línea de transmisión de 800 millas diseñada para llevar 5 GW de energía asequible, incluyendo solar y eólica, desde Kansas a otros estados. En agosto, el Departamento del Interior canceló definitivamente la aprobación del proyecto eólico Lava Ridge en Idaho (1 GW) y, en octubre, la Oficina de Administración de Tierras (BLM) anuló silenciosamente el gigantesco proyecto Esmeralda 7 Solar en Nevada, un proyecto de 6.2 GW que habría generado electricidad para unos dos millones de hogares. A esto se sumó la eliminación del programa “Solar for All” de la EPA, un fondo de $7 mil millones destinado a ayudar a las familias a reducir sus facturas de energía mediante la instalación de paneles solares.
Una de las tácticas más sutiles pero efectivas ha sido la introducción de nuevos criterios de evaluación para la concesión de permisos. En agosto, el Departamento del Interior ordenó que se considerara la “densidad de capacidad” (MW/Acre) de un proyecto energético. Este cálculo, por su naturaleza, favorece a las plantas de energía tradicionales que ocupan menos espacio por megavatio generado, poniendo en clara desventaja a los extensos parques solares y eólicos.
Esta misma lógica fue replicada por el Departamento de Agricultura, que exigió el uso de “criterios de selección de eficiencia” basados en la producción de energía por acre en terrenos del Sistema Forestal de EE. UU., restringiendo de facto los proyectos renovables en tierras agrícolas. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército adoptó una guía similar en septiembre, priorizando proyectos según su “densidad energética”, lo que alarga aún más los plazos de obtención de permisos para la solar y la eólica.
No se trata de una única orden, sino de una serie coordinada de órdenes ejecutivas, memorandos y directivas de agencias gubernamentales emitidas durante 2025. El objetivo común de estas acciones es crear barreras burocráticas, regulatorias y financieras para obstaculizar sistemáticamente el desarrollo de nuevos proyectos de energía solar y eólica en el país.
Al bloquear y retrasar la construcción de las fuentes de energía más baratas y rápidas de desplegar (solar y eólica), se limita la oferta de electricidad. Con una demanda de energía en rápido crecimiento, esta restricción de la oferta inevitablemente conduce a un aumento de los precios para los consumidores finales, tal como predicen los análisis que apuntan a un máximo de 10 años en las tarifas eléctricas para 2026.
Es una métrica que mide cuántos megavatios (MW) de capacidad de generación de energía se pueden instalar por cada acre de tierra. Las plantas de combustibles fósiles o nucleares son muy densas, mientras que los parques solares y eólicos requieren grandes extensiones de terreno. Al usar este criterio para priorizar permisos, se desfavorece intencionadamente a las tecnologías renovables, creando una ventaja regulatoria para las fuentes de energía tradicionales.
Sí, de manera significativa. Aunque algunas de las órdenes se centran en terrenos públicos, muchas de las nuevas regulaciones y requisitos de permisos aplican a todos los proyectos. Un análisis de la American Clean Power Association (ACP) concluyó que al menos 27 de las 69 acciones federales listadas en un memorando del Interior afectarían directamente a proyectos desarrollados en terrenos de propiedad privada, demostrando el amplio alcance de esta ofensiva regulatoria.
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